SARS no es SARS_CoV2… Pero la prensa sí es la misma

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Me enviaron un documento académico de la Unidad de Medicina Experimental de la Facultad de Medicina y el Hospital General de México relacionado con enfermedades emergentes, destacando que “en las tres últimas décadas se han identificado enfermedades catalogadas como emergentes y la mayoría tiene una etiología (una causa) infecciosa”, una de ellas el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS)

A continuación, el documento describe al agente causante del Síndrome, un virus mutante de los coronaviridae, que emergió como epidemia el 16 de noviembre de 2002 en la provincia de Guangdong, China. “Para febrero de 2003, la infección se diseminó hasta Hong Kong, extendiéndose luego globalmente a través de la aviación comercial, reportándose brotes en Vietnam, Singapur y Canadá.

“Un mes después, el 12 de marzo de 2003 la OMS lanzó una alerta global, y el 15 una segunda alerta que proporcionó el nombre, definición de SARS para la nueva enfermedad, y al coronavirus causante se le identificó el 16 de abril del mismo año

Agrega que “el SARS fue la primera enfermedad contagiosa severa que emergió en el siglo XXI. En seguida se dan las referencias de Tsan KW, Ho PL, Ooi GC, et al. A cluster of cases of Severe Acute Respiratory Syndrome in Hong Kong, New Eng. J Med; 348:1977-85, 2003. Poutanen SM, Low DE, Henry B, et al: Identification of Severe Acute Respiratory Syndrome in Canada. N Eng J Med; 348: 1995-2005, 2003”.

Quiero comentar que se trata sin duda de un documento confiable, basado en evidencia, publicado en una revista de prestigio científico internacional en manos de un comunicador. ¡Esto es oro!, podría decir algún “periodista crítico” en aras de su libertad de expresión consagrada en la Constitución, en búsqueda de la nota de impacto y, sin más, lanzarlo al vendaval de embates cruzados de la opinión pública y agregarle “¿por qué se propagó hasta ahora si ya sabían desde 2003?”.

En los viejos tiempos se exigía “contrastar la información”, “confirma las fuentes”, “consultar otras opiniones”. Hacerlo así lleva a precisar que el citado documento no trata del mismo coronavirus causante de Covid-19. 

El SARS, a secas, los funcionarios chinos lo reportaron como “neumonía atípica”. Uno de los infectados de Guangdon viajó a Hong Kong, ciudad de 7 millones de habitantes y 16 millones de turistas al año que viajan en cerca de 500 vuelos internacionales. El 21 de febrero de 2003 el infectado se hospedó en el Hotel Metropol, subiendo al noveno piso tosió en el ascensor y en el pasillo, se infectaron 16 personas más. Al día siguiente viajó a Hanoi, Vietnam, para tratamiento, en el hospital se contagiaron médicos y enfermeras. Un médico viajó a Bangkok, Tailandia, contagiando a más personas. El 15 de marzo la OMS lanzó la alerta mundial de pandemia describiendo la enfermedad como SARS. De Tailandia, una mujer viajó a Toronto, contagió a su hijo quien falleció en el Hospital Monte Sinaí. La enfermedad se diseminó por 29 países, se contagiaron 8 mil 422 humanos, fallecieron 916 y no se tiene certeza cómo desapareció.

Se cometieron muchos errores, por lo que la OMS reunió a 196 países que se comprometieron a manejar su capacidad para detectar, evaluar, notificar e informar eventos de salud pública. Para 2014 sólo un tercio, 64 países, había cumplido. En diciembre de 2019 emergió SARS_CoV2 y, como entonces, ningún país estaba preparado.

En efecto SARS no es SARS_CoV2. Pero la prensa mundial se sigue comportando hoy como en 2003, inclusive inició sus andanzas en Covid-19 reclamando a las autoridades negar que era la “neumonía atípica”; lejos de ayudar impulsa la desconfianza en las autoridades sanitarias, las teorías conspirativas, la publicación de informes científicos aún sin revisión por pares. ¿Qué tal si difundo el documento del inicio sin aclarar nada? Tristemente esa parece ser la norma.

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