Los cambios, como en la naturaleza, son en poblaciones

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Ojalá entendiéramos todos que el 2021, es un número irrelevante.

La idea de cambio está en nuestras mentes esta última semana del año. Cambia el número, de 2020 pasaremos a 2021. Y en esas mentes revolotearán promesas, propuestas, emociones hacia un futuro seguramente derivado de lo vivido, los pendientes, lo inconcluso, los planes de trabajo… estamos vivos.

Pero allá afuera, el aire que respiramos (sin pensarlo pero lo hacemos, ahí está), el clima, la temperatura, las nubes, el medio ambiente, la atmósfera, la luz del Sol, la noche son, todo junto, un solo momento desde tres mil millones de años; sucede en una delgada y tenue esfera de gases que permiten la vida, que envuelve a una esfera de fuego envuelta con una costra de roca fragmentada, es un baloncito que se formó hace más o menos unos 4 mil 500 millones de años y que, junto con otros de diverso tamaño le dan vuelta a un foco encendido con energía termonuclear desde hace 5 mil millones de años y ya ha agotado la mitad de su combustible, le llamamos Sol.

En esa “realidad” que ahí está a pesar de nuestras imágenes mentales, los números 2020 – 2021 son una cuenta útil solo para los humanos, de entre billones de otros seres vivos y organismos como los virus, todos intentando reproducirse para seguir vivos.

Un virus, de entre billones de otros, que los científicos han clasificado dentro de los coronavirus, que no es un ser vivo pero tiene una maquinaria molecular útil para poder reproducirse, está demostrándonos que no somos los amos del planeta, ni la vida nos pertenece en exclusiva. La macromolécula ARN de coronavirus SARS_CoV2 es capaz de abrir nuestras células esclavizándolas para fabricar más virus hasta que mueren, morimos.

La especie humana no ha sido la misma, ha cambiado, evolucionado. En su existencia celular ha aprendido a defenderse de los ataques de seres tan o más pequeños que nuestras células, “mutando”. Los cambios son en poblaciones, no uno en uno. Es muy probable que la placenta de nuestras hembras, y de otros animales mamíferos con placenta, haya sido producto de una mutación para defender a los cachorros en gestación del ataque de un virus que amenazaba de extinción a ciertos mamíferos. A su vez, los humanos somos mutaciones de algunos simios.

Las estructuras de convivencia que la humanidad ha creado para sí, a veces olvida que en su origen las emuló de la naturaleza. Las “reglas”, por ejemplo. La naturaleza tiene reglas y, según entendió el filósofo Baruch de Spinoza, fue la regla número uno que la humanidad aprendió para sobrevivir a sus retos. En la medida que esas reglas las vamos entendiendo enfrentamos los miedos, sin depender de la esperanza para seguir existiendo. El Estado es la más acabada de esas estructuras de convivencia, junto con la ciencia, que como humanidad imitamos de la Naturaleza.

Esa estructura intangible que es el Estado, se opera, se conduce, con otras estructuras que llamamos políticas públicas, necesarias para hacer posibles los cambios frente a las cambiantes circunstancias. Yo agregaría cambio ante nuestra evolución paralela a la de la naturaleza, la cultura.

Al igual que en la Naturaleza, si los cambios, las mutaciones, no se dan en poblaciones la extinción es casi segura. La pandemia Covid 19 nos está enseñando, debemos entender que hay que cambiar al Estado y sus políticas públicas en poblaciones, en el mundo, no en unos cuantos individuos. La regla, el reto, es de la Naturaleza y no de una imaginaria y abstracta economía. Ojalá entendiéramos todos que el 2018, como 2020 y 2021, son un número irrelevante, lo que hubo fue un cambio de la población, no de unos cuantos individuos.

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