En la ciencia universal la política y geopolítica cuentan

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Europa y el Reino Unido

La situación del sistema científico británico históricamente prestigiado, y las relaciones de su Estado, el Reino Unido, en su salida de la unión de los estados europeos (UE) ilustra en tiempo real cuándo un Estado tiene una política estratégica con y para su propio sistema científico (cuando la tiene).

Dentro de una economía con reglas de mercado la ciencia es necesariamente una “inversión”, su producto final es conocimiento nuevo y/o saber qué hacer con los conocimientos nuevos. No se sabe con certidumbre cuándo se producirán los conocimientos nuevos, la “agenda” científica es la naturaleza y el cosmos.

No es frecuente que los conocimientos nuevos logrados tengan una utilidad práctica, técnica, económica inmediatamente, ese financiamiento solo es posible por el Estado desde que era la Iglesia, cuando revolucionó el momento medieval de la humanidad, hasta los Estados laicos en nuestros días.

La otra parte de la ciencia que es la utilidad del conocimiento nuevo es financiable en forma particular y pública, o ambas, financiamiento “mixto”. Cuando se trata del interés estratégico la ciencia pasa a ser tan importante como la defensa, un instrumento fundamental para el Estado.

Tal es el caso de las grandes potencias como el Reino Unido y su legendaria Royal Society, ahí también tiene su sede la revista Nature en cuyas páginas se han publicado conocimientos nuevos universales tales como el ADN, como ejemplo ilustrativo.

Al acordarse el Tratado de la Unión para integrar la Unión Europea (Maastricht, 1992) se estableció una política internacional y de seguridad común con el objetivo de defender los valores comunes, los intereses fundamentales y la independencia de la Unión integrada por los estados miembros. Ahí se incluyó un clausulado especial al que llamaron la “Europa de la ciencia”, la ciencia como una seña de identidad europea con cuantiosos fondos financieros.

Como se sabe, el Reino Unido llevó a cabo una consulta popular, un referéndum, cuyo resultado fue su salida de la Unión Europea, conocida como el Brexit, apócope de salida británica, que se formalizó el 31 de enero de 2020, con 11 meses para negociar cómo será la relación del Reino Unido con Europa y, entre otras cosas, significó renunciar a los cuantiosos fondos para la investigación científica del Horizon Europe (95 mil 500 millones de euros).

Para satisfacción de la comunidad científica británica la negociación del acuerdo comercial de su país con Europa incluye la regulación de datos científicos, investigación nuclear, espacial, ensayos clínicos, etc., y obtener o donar recursos al Horizon Europe (HE).

HE es el programa multinacional de investigación e innovación más grande del mundo, es una mezcla de esquemas de financiación que incluye subvenciones para científicos individuales en todos los campos y para grandes colaboraciones multinacionales para grandes desafíos como salud, cambio climático y revolución digital.

Tras la votación del Brexit en 2016, la incertidumbre enseñoreó en la comunidad científica, dejo a muchos investigadores en el limbo sin saber si ellos o la investigación que realizaban seguirían siendo financiados con fluidez. En los acuerdos logrados hasta ahora se ha resuelto que los investigadores de la UE que trabajan en el Reino Unido optaron por abandonar el país o solicitar un permiso para quedarse.

Asimismo, se acordó que el Reino Unido puede pertenecer al programa Horizon Europe como socio no miembro, pero ese acuerdo está en suspenso por las negociaciones geopolíticas. Mariya Gabriel, jefa de investigación de la Comisión Europea, ha dicho que no se firmará el acuerdo hasta que se resuelvan las disputas de la UE con el Reino Unido, entre ellas, la frontera aduanera de la República de Irlanda e Irlanda del Norte, que es parte del RU.

Sin un acuerdo de asociación, los científicos con sede en el RU quedarán excluidos del Horizon Europe. La comunidad científica británica ha sido muy exitosa al obtener fondos de la Comisión Europea, a veces como sus principales beneficiarios.

Queda claro que en todo el mundo la política científica la definen los Estados; que hay estados, los más fuertes, donde la ciencia es estratégica, que la libertad de investigación está sujeta al financiamiento público o privado… Para la reflexión y la discusión más realista e informada, menos romántica e imaginaria (Fuente: www.nature.com, 03-02-2022).

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