El cubrebocas sí es eficaz para disminuir los contagios por Covid-19

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Estamos a tres meses de cumplir dos años que se inició el primer brote que devino en la pandemia Covid-19, el fenómeno biológico evolutivo de magnitud planetaria que jamás haya dado tanto de qué hablar, discutir, negar, inventar, y desnudado hasta el hueso de nuestra miserable condición humana.

Uno de los temas con el que más balas se han disparado en el fuego cruzado de la opinión pública local y global es el cubre bocas o mascarilla, como lo llaman en otras latitudes. Algo que no se ha querido considerar deliberada o ingenuamente es que ningún país por potencia mundial económica que fuera estaba preparado para el reto de la naturaleza Covid-19. Aquí en esta columna dimos cuenta que sólo un puñado de países de 194 que integran la OMS hicieron su tarea de Salud Pública frente a los errores cometidos en la pandemia SARS de 2003.

En los primeros meses de 2020 ningún país, ninguna empresa fabricante, tenía en sus inventarios 7 mil 700 millones de cubrebocas eficaz para filtrar las densidades de carga del coronavirus.; los entonces desconocidos y hoy afamados KN95 se solicitaba no comprarlos por pánico y mejor dejárselos al personal sanitario de la primera línea de las oleadas de contagios, las pocas existencias de ellos tenían forma de pato.

Entonces se desataron las controversias mediáticas, la opinología infundada y las armas arrojadizas contra las autoridades sanitarias de todo el orbe, el cubrebocas pasó a ser un símbolo más allá de su utilidad o no para mitigar los contagios de SARS_CoV2, para callarle la boca y obedecieran simbólicamente los tomadores de decisiones y responsables de navegar contra la pandemia; el no usarlos como símbolo de rebeldía o irresponsable negación de la pandemia y el coronavirus.

Al inicio del confinamiento social, la física ensenadense Catalina Bastidas compartió en sus redes sociales una imagen obtenida por microscopio del ancho de la trama de un cubrebocas frente al diámetro de ~200 nanómetros del coronavirus, la imagen nos daba idea que era casi como una red de portería de futbol para detener pelotas de golf. No obstante, también hubo información confiable en la que se explicaba que el objetivo de usar todos cubrebocas era disminuir al máximo la carga viral, la masa de coronavirus y no uno de ellos, si la persona estaba contagiada con síntomas o sin ellos. Su uso no eximía de guardar distancia entre personas por lo menos metro y medio, lavarse las manos con agua y jabón no menos de 20 segundos con mucha frecuencia, procurar no tocarse la cara con las manos y estornudar de etiqueta aún con cubrebocas puesto. 

Hace unos días por fin se llevó a cabo un estudio controlado que ofrece evidencias de la utilidad del uso del cubrebocas para mitigar la velocidad de contagios del SARS_CoV2 y sus variantes. El estudio se llevó a cabo en 600 aldeas rurales de Bangladesh, con un universo de 340 mil personas. El estudio fue llevado a cabo por investigadores de diversas universidades como Yale, Stanford y California Berkeley. Existe una versión preliminar y está en revisión por pares.

Durante 5 meses rastrearon a más de 340 mil adultos y aldeas seleccionadas, se incluía distribución gratuita de cubrebocas e información a la gente sobre la importancia de su uso. 178 mil accedieron a usarlas, y a su vez indujeron el aumento de su uso en 30%, hubo una disminución del 12% en síntomas de Covid y de 9.3% positivos. Si el 30% redujo el 10% de Covid, si lo extrapoláramos al 100% de su uso veríamos un cambio del 100%. Asimismo se desprende de este estudio controlado que los cubrebocas quirúrgicos (KN95) son más efectivos que los de tela.

Este estudio fue dado a conocer en Innovations for Poverty Action y replicado por Nature briefing el 2 de septiembre.

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